28 de diciembre de 2010

Rat

N.Y.

5:00pm

He caminado todo el día por Manhattan y todavía no estoy cansado por todas las cosas que he visto por primera vez en mi vida, con mis propios ojos y no en el tv. Camino con gafas oscuras para poder ver mejor todo. Pasa una linda morena, una linda asiática, una linda latina, una linda europea, rubia y peliroja. Esta ciudad es lo máximo. Me detengo un momento para tomar agua de un tarrito que compré por 1 dólar, pero ya no hay nada. Creo que no debía haberme detenido porque mis pies empiezan a fallar un poco y me atrapa una sed absurda. Decido entrar al primer lugar que encuentro cerca y resulta ser una pizzería. Entro y me siento en una mesa, se acerca el mesero y empiezo a intentar hablar en inglés y el pizza-man me mira con cara de tristeza, luego pregunta -¿Español? -Sí.– Le respondo con cara de decepción. Luego miro las pizzas y se ven un poco viejas, pero tengo hambre y sed y mis pies necesitan descansar. Entonces por pena, más que todo, le pido una pizza y una cocacola. Suelto un poco los cordones de mis zapatos y me pongo a ver en detalle el mapa que me dio mi prima para ubicarme. La pizza llega en el acto, incluso primero que la cocacola, cosa que me extraña un poco. No lo pienso 2 veces y le llego de una. Sí, sabe un poco raro, pero debe ser porque YO estoy acostumbrado a comer pizza tercermundista, no la verdadera pizza, la que se come en la gran manzana. No dejo ni el borde, que estaba un poco blando y masudo. Le doy un sorbo a la cocacola y me logro ubicar en el mapa, entonces descubro que hay una tienda muy cerca a la que tengo que ir a por un encargo para Colombia. Pago rápido la cuenta y salgo de nuevo a caminar.

Ahhh como nuevo!! Los pies caminan, la gafa oscura, un poquito de style y ahí vamos para la tienda.

PUM. Algo le pasa a mi estómago. Pero debe ser normal, debe ser momentáneo. El dolor empieza a crecer y crecer hasta el punto de detenerme, abrir bien los ojos y pensar rápidamente en una solución. Logro llegar a la tienda, pero es la tienda de mac más grande que he visto en mi vida. Hablo con una americana que trabaja para la tienda y con mi mejor cara posible de conejo a punto de ser sacrificado le pido un baño. Ella, inquebrantable, se niega. No estoy para discusiones. Me largo de ahí buscando el primer lugar que pueda tener un baño público pero mi estómago no da más. Por un momento recuerdo los corrientazos de la oficina, los almuerzos de $5.000 que diariamente hacen lo suyo y me producen una digestión medianamente aceptable y los extraño. Nada de comidas espectacularmente newyorkinas, cómo extraño mi sopita con seco y jugo de maracuyá. Un local me abre sus puertas y pido algo rápido al mismo tiempo que pido el baño.

Lo que hago en el baño es cosa mía, tengo derecho a la privacidad y a la vida y juro que si no hubiera entrado a ese baño hubiera muerto. Salgo del baño triste, golpeado. Me siento como la peor basura del mundo. No quiero seguir en el lugar para ser descubierto por mi crimen y pago rápido y me voy. Camino de nuevo por una vía pero ya de noche, hay basura en ambos lados de la calle, un puesto de alguna cosa comestible que me hace temblar de miedo. Se me acerca un turista y me pregunta algo en inglés. Extrañamente le entiendo pero no me da la gana ayudarle. Entro al metro y me voy escuchando la música más ruda que tengo. Una linda chica se sube en la siguiente parada y se sienta muy cerca. Se queda dormida en poco tiempo y su cabeza alcanza a tocar mi chaqueta. Siento como si fuera su protector, el hombre que cuidará de ella. No se pasará de su parada y nadie intentará robarla mientras yo esté allí. Llego a mi parada y me atrapa la sensación de que ella seguirá dormida. Soy su cuidador, su protector. Abro mi boca pero sale un tibio sonido que ella no alcanza a percibir. Me doy la vuelta y me bajo. Ella se queda profunda. Camino de nuevo por otra calle oscura hacia mi cama temporal y depronto una rata bastante grande empieza a correr a mi lado. Andamos juntos casi una cuadra. Entonces lo entiendo. Soy una rata, una basura más en New York. Y pasa junto a mi una linda morena, una linda asiática, una linda latina, una linda europea, rubia y pelirroja.

Rata, es hora de ir por un Jack Daniels.

25 de noviembre de 2010

Estoy de luto.

Hace pocos días los diarios y noticieros del mundo dieron la noticia de un ataque armado de Corea del Norte a Corea del Sur. Al parecer más de medio centenar de proyectiles enviados por Corea del Norte impactaron en la península del Sur destruyendo casas, edificios, dejando heridos y muertos. Obviamente hubo respuesta, pero los argumentos de por qué se produce el ataque son confusos. Por esta misma razón, es de claro entendimiento que ambos países no gozan de las mejores relaciones entre sí dificultando una salida por medio del diálogo, pero lo preocupante no es que haya una guerra entre los 2. Lo preocupante son los aliados y los experimentos con armas atómicas que desde hace un buen tiempo Corea del Norte hace sin el aval de las Naciones Unidas. Ahí entra China. China es el aliado más cercano de Corea del Norte y todos sabemos que cuando un peso pesado se mete en una pelea, se espera la llegada de otro (por qué no E.E.U.U.?) y luego otro y así sucesivamente.

Ahora, qué carajos hace un tercermundista al que nadie conoce, como yo, hablando de algo que ocurre al otro lado del mundo y que poco o nada debería importarle o preocuparle? Pues bien, resulta que no soy el único. Otra persona tercermundista pero que muchos sí conocen, también tuvo su propia opinión sobre el asunto. Es más, fue más allá de los hechos y tuvo la valentía de hablarle directamente a los gobiernos implicados para que las disputas, por difíciles que fueran, terminaran en el acto. Pero cometió una equivocación. Confundió a Corea del Norte y a Corea del Sur con China.

Alicia Machado, ex reina de Venezuela y ex Miss Universo dejó una frase para la posteridad en su Twitter: “Esta noche quiero pedirles que me acompañen en una oración por la paz, que estos ataques entre las Chinas no empeoren nuestra situación.”

Terrible equivocación, pero no es la primera vez que pasa. Es más, recuerdo perfectamente un reinado nacional de belleza en Cartagena (qué coincidencia) en el que se presentó un famoso grupo de dos guapas cuarentonas llamado “Azúcar Moreno”. Ellas, en vivo, saludaron a todo el país: “Buenas noches Bolivia”.

El mismo David Gahan, cantante de Depeche Mode, luego de recibir muchos aplausos en su presentación en Perú, agradeció al público: “Muchas gracias Chile”.

Hay más, pero el problema no es la gente, es que son famosos. Porque hay mucha gente que no tiene idea de nada de lo que pasa pero no es famosa y no puede decírselo al mundo. Puede ser una equivocación, puede que hablen de lo que no saben o puede que sean estúpidos, pero por ser famosos la gente no los perdona.

http://www.youtube.com/watch?v=fJuNgBkloFE

Analicemos las hipótesis. Qué sucedería si lo de Alicia Machado fuera una simple equivocación? Es decir, ella sabe que hay una guerra entre las Coreas, sabe que puede afectarle y entiende que hay mucha gente que confía en ella, por lo que decide asumir una posición y ayudar. Pero la embarra al decirlo. Hasta ahí bien, a cualquiera le puede pasar. Lo importante es la intención. Cierto? Está bien, es linda y eso es lo que importa.

Hipótesis 2. A la hora del almuerzo, Alicia come con sus amigos y depronto alguien pone el tema sobre la mesa para hablar de algo interesante y seguramente llamar la atención de Alicia. -Vieron lo que pasó en las Coreas? –No, ¿qué?- pregunta ella con su increíble mirada. –Cómo así que no sabes? Todo el mundo lo sabe!!- La explicación se extiende hasta que los platos se enfrían y hasta que Alicia decide hacer un comentario en su Twitter para que la gente sepa que ella también sabe lo que pasa en el mundo, pero al parecer no entendió muy bien quién pelea ni por qué. Pero eso es lo de menos, lo que importa es saber que está pasando. Sabes lo que pasa? Sí. Qué opinas de eso? No sé.

Hipótesis 3. El coeficiente intelectual de Alicia no es el promedio. Nada más que decir.

Cualquiera de las hipótesis puede ser cierta, pero ¿cuál podría ser la peor? Acaso importa? Si se equivocó o si es muy bruta cambiará en algo las cosas? Es posible! Puede que los altos gobiernos de las Coreas se enteren de la opinión de Alicia y decidan enviar todos sus proyectiles a Venezuela en lugar de atacarse entre ellos mismos. O puede que se mueran de la risa y decidan darse la mano y emborracharse al son de unos buenos saques. Nadie lo sabe. Lo que sí se sabe es que Alicia cerró su cuenta porque la gente aprovechó su descuido y la bombardeó con mensajes que ella no soportó.

Algunos me dicen que a mi solo me interesa la belleza de la mujer y nada más. Pero acaso ella no fue la más bella del mundo? No tiene puntos a favor por eso? Yo le daría 1 punto, por lo menos. Y mientras algún cirujano plástico descubre cómo operar el cerebro para que algunas personas puedan elevar su coeficiente intelectual hasta el infinito, permaneceré al margen del asunto y seguiré admirando los desfiles en traje de baño de los reinados nacionales e internacionales.

Pero qué tonta es la gente. Si tanto le divierten los comentarios de Alicia y les inspiran tantas cosas, deberían impulsarla a seguir escribiendo, escribiría un Bestseller de seguro, pero en lugar de eso la bombardean con burlas y ahora quién sabe cuándo volverá a dirigirnos la palabra.

Estoy de luto, perdimos a un grande.

9 de noviembre de 2010

J, K, M y Z.

Todas las noches J sale de su casa (si es que se le puede llamar así) a eso de las 6pm. Agarra sus baldes, su par de palos y camina 30 cuadras hasta la estación de metro más cercana. Allí se sube a en la línea A y se baja en la estación de costumbre, y como de costumbre, no habla con nadie.
Acomoda sus baldes vacíos en la posición de siempre y deja algunos apilados por si se rompe alguno. Se sienta y saluda a su público con una voz enérgica: -Buenas noches, malditos!! Y comienza a darle golpes a los baldes con su par de baquetas improvisadas.
En ese momento K se despierta por el sonido de los baldes. Ya es tarde, pero J acaba de comenzar su función y K no se puede quedar atrás. El que se queda atrás pierde, llega de último y al último raras veces le guardan. Se quita un par de cartones de encima, se levanta, se estira cuan largo es y se sube a su silla de ruedas. Acerca su mano derecha a su cara y sopla. Hace cara de pocos amigos y agarra una botella con algún contenido desconocido y se toma un buen sorbo que se alcanza a escurrir por encima de su barba canosa. Luego arranca en su silla de ruedas por la avenida cerciorándose de que el letrero que lleva en el pecho esté al derecho y empieza a hablar en voz baja con nadie. Al llegar a una esquina en la que a duras penas se alcanzan a escuchar los baldes K se detiene. Allí está G. La última vez que lo vio las cosas no terminaron nada bien. G camina de manera extraña. Sus pasos son firmes pero su mirada completamente desorbitada. No es un buen momento para encontrarse con G. No sin haber desayunado todavía.
G pasa a unos centímetros de la silla de ruedas sin mirar y sin emitir sonido alguno continúa su camino con su mirada desorbitada y los puños apretados. Nadie mejor que K sabe lo que sucede. G está drogado y posiblemente tiene uno de esos trabajos importantes que a veces salen. K los hizo alguna vez. Los hizo bien. Tuvo su momento. Fue.
G camina apresurado. Solo tiene en su mente el trabajo. Ir, hacerlo rápido y salir de ahí. Eso es todo lo que tiene que hacer. Eso es todo lo que tiene que estar en su mente y nada más. No importa la gente, no importan los carros, los turistas, los policías. Decisión. Eso es lo importante. De lejos puede ver el lugar, faltan solo un par de cuadras más. Llegar, hacerlo rápido y salir de ahí. Es todo lo que está en su mente, es todo lo que tiene que hacer. PUM. La mente de G se nubla por completo. –Mantente enfocado- Se dice a sí mismo e intenta seguir caminando, pero no ve nada. –El trabajo, debo hacerlo- Piensa G, sabiendo que nada ni nadie lo detendrá. Nada ni nadie.
M es una estudiante de enfermería en una prestigiosa universidad de la ciudad. Como es normal, luego de terminar sus estudios, o antes, continuará con otras carreras hasta graduarse de por lo menos 3. Con honores, por supuesto. M conoce a casi todas las personas que viven en su barrio, todos son muy amables y se saludan todos los días. Una vez uno de ellos timbró en su casa y dijo algo así como: -Perdona, dejé las llaves de casa en el carro junto con mi teléfono móvil y no puedo entrar, no tengo nadie más a quién acudir. Podrías prestarme tu teléfono para hacer una llamada?- M dejó entrar al desconocido y no solo le prestó el teléfono, también lo invitó a la sala y le ofreció té y galletas. M pensaba que si a ella le pasara lo mismo, cualquiera haría eso y hasta más por ella. M es así.
Mientras recorre la calle de siempre en su bicicleta hacia la universidad, se encuentra con un grupo de gente en la mitad de la calle. Todos hablan y hay alguien en el suelo y una camioneta. M se acerca un poco más diciendo que es doctora. La gente la deja pasar y encuentra a G en el suelo convulsionando. El conductor de la camioneta parece un disco rayado –Apareció de repente. El semáforo estaba en verde. No lo vi. No lo vi.-
M se acerca a G y al verlo entiende que no hay mucho por hacer. Tiene un hueco en la cabeza producto de la colisión (posiblemente con el águila que la camioneta tiene en el capó) y ha perdido mucha sangre. Agarra su teléfono móvil y pide una ambulancia al lugar. M sabe que no hay mucho por hacer. Estira su mano y con mucho cuidado cierra los ojos de G que se niegan a dejar de hacer lo suyo. Se escuchan algunos llantos y el disco rayado del conductor. Z lo vio todo. Vio cómo G caminó sin detenerse por la mitad de la avenida como un animal que no sabe que hay carros. Era cuestión de tiempo, si no pasaba en esta avenida sería en la siguiente. Esperó pacientemente a que la gente llegara al lugar para ver qué había pasado y la llegada de M fue perfecta. Ahora las más de 15 personas que llegaron al lugar están con su atención puesta en lo que M haga o diga. Es el momento perfecto. Z sopla su mano derecha y la frota suavemente con la izquierda. Ahora, como un reloj preciso, la mano entra y sale de 1, 2, 3 bolsillos diferentes en el que encuentra 3 “algos”. Siente que ya es suficiente y se aleja del lugar con tranquilidad. Camina hasta la estación del metro más cercana y toma el primero que pasa. Al pasar por 5 estaciones decide bajarse. Camina hasta un lugar, se acomoda y revisa lo que tiene en el bolsillo. Un teléfono móvil, una billetera con $250 y una caja de condones. –No está mal. No está nada mal- piensa Z mientras que tira la billetera a un lugar visible, destapa la caja de condones y mete uno en su billetera, mucho más lujosa, los demás los deja en uno de sus bolsillos.
Entonces mira a su alrededor. Lo piensa un poco y empieza a caminar hacia el norte con una sonrisa. Al girar en una esquina empieza a escuchar la voz de alguien. –Dame $20!! Crees que yo hago esto gratis? Dame $20!! Crees que vas a filmarme haciendo esto y va a ser gratis? Dame $20!! QUE ME DES $20 TE DIGO!!! Para qué miras a tu mujer? Ella es la del dinero? Entonces que ella me de los $20!!-
Z se acerca cada vez al lugar de donde vienen los gritos cuando se escucha otra voz.
-Hey, ya no jodas más!! Sigue esto mira Pa pa pa, pa pa. Pa pa pa, pa pa. Aquí están tus $20. Síguelo!! Pa pa pa, pa pa. Síguelo!! Qué esperas? Aquí están tus $20!!
Z llega al lugar. Hay por lo menos 40 personas que están reunidas alrededor de J. Una de ellas tiene un billete de $20 en la mano y casi que lo está poniendo en la cara de J, marcándole un ritmo con las manos.
-No quieres los $20??
-Me importan un culo tus $20!! Nadie me va a decir cómo hacer mi show!!- Dice J y acto seguido, empieza a pegarle a los baldes con velocidad y precisión. La gente lo mira con asombro. Él los mira y reconoce a Z. Se queda mirándole y levanta una ceja a modo de saludo, a la que Z responde con un adiós.

2 de noviembre de 2010

Desde las trincheras.

En la película “El Abogado del Diablo” hay una escena en un metro donde hay un diálogo que me encanta. El joven abogado le pregunta a su gran jefe por qué viaja en el metro si es un transporte para la clase baja. Él le responde que le gusta moverse desde las trincheras, que no lo vean venir. Tiene un encanto especial porque el que dice eso es el diablo, pero igual me encanta y lo he aplicado para mi vida.
Obviamente no lo cuento como un ejemplo a seguir ni nada de esas pelotudeces, pero qué bien se siente hacer algo con éxito y que en el fondo tú y solo tú sabes que fue gracias a ti y no te llevas el crédito. Por qué? Yo qué voy a saber por qué. Sólo sé que se siente bien. A veces me preguntan:
-Ay, por qué no te gusta la piña si es tan rica? –Por qué no te comes el nervio de la carne o del pollo si saben tan rico? –Por qué te gusta andar en moto y no en carro?
Yo no sé por qué. Sólo me gusta o no me gusta. Me sabe o no me sabe rico, así de simple.
Para qué llevarse el protagonismo de las cosas? De qué me sirve a mí salir en algún medio de comunicación o en todos diciendo: Sí, yo lo hice!!
Salir en televisión? Lo hice hace muchos años en una citycápsula con mi papá, diciendo que le agradecía mucho por haberme enseñado a querer al club deportivo los millonarios (ese día ganamos).
Escucharme en la radio? Una que otra vez he puesto mi voz para hacer alguna expresión en cuñas como: oohh, aaahh, uuufff, etc.
Salir en una revista? Cuando comencé a trabajar en esto y de manera coincidencial salí en un aviso manejando un twingo.
Seguro que existen los que quieren salir en todos los medios y ser reconocidos por la gente en la calle y que en la sección de farándula de los noticieros los presenten y les caigan en la casa para conocer dónde viven, fijo existen, pero yo no soy uno de esos y no tengo ni 5 de ganas de serlo. Disfruto mucho más siendo uno más, otro cualquiera que camina como todos caminamos y que hace lo que todos hacemos. Si así no más, siendo quien soy, a veces la gente critica y molesta y jode, no quiero imaginar cómo sería si me reconocieran.
Pero estar siempre en las trincheras, que no me vean venir, eso es genial.
Y mejor que eso es subirse en el metro y sentir que hay otros que por lo menos parecen mucho más importantes que yo. Una de esas personas, a eso de las 3 de la mañana empezó a dormirse. Pero en lugar de cabecear subió una mano a la altura de la quijada y la dejó ahí, como suspendida en el aire mientras su mirada se desorbitaba más y más. Depronto un freno brusco al llegar a una estación y la mujer regresa a la normalidad. El metro arranca de nuevo y a los pocos segundos la mano de la mujer está de nuevo en el aire y su mirada buscando un punto fijo entre sus párpados. Si en ese justo momento pasara un metro en sentido contrario a la misma velocidad con una persona en el mismo estado de sueño podrían soñar la una con la otra? Hablarían el mismo idioma? Se reconocerían después si se encuentran frente a frente y despiertos?
No lo sé, pero qué raro se siente estar en un vagón del metro de la ciudad que nunca duerme con otras 8 personas completamente dormidas. Si mal no recuerdo, un par de estaciones antes un saxofonista se encargó de arrullarnos a todos y dejarnos en este profundo sueño que nos lleva al hogar, pero que si no prestamos cuidado, nos puede llevar mucho, mucho más allá.
Qué bien se siente ser una pequeñísima parte. Algo tan diminuto que casi ni se nota, pero al mismo tiempo libre de hacer lo que quieras, de tomar la dirección que elijas, de caminar libremente en un lugar desconocido pero que por extraño que parezca te da seguridad. He caminado mucho, durante todo un día y solo me he detenido para comer algo y ahora para ir a la casa. Tengo demasiada información nueva en mi cabeza y necesito procesarla. Necesito un pequeño descanso para recuperarme y seguir caminando y recibiendo más información porque si no es ahora, cuándo?
Caigo en un sueño donde el metro sigue andando y hay una pelea entre otros pasajeros. Asaltos en ring, con presentación del round con la chica en traje de baño y gente que corea sus nombres. Las luchas se dan de manera espectacular mientras yo saludo con la mano a una pasajera del metro que está viendo la pelea del otro lado. Las puertas del metro se abren y un policía dice:
-I don´t know, you may think I´m crazy, but the next stop could be yours!
Y tenía razón.

15 de septiembre de 2010

Naraka Vallenata

Después de descubrir que han inventado un programa de audio que produce efectos similares al de la droga (I-Doser), hice un análisis de la situación. El programa debe ser escuchado en audífonos durante media hora; entonces, si un bogotano normal pasa 1 hora metido en un bus de transporte público atravesando la ciudad para ir al trabajo o a la universidad y escuchando la misma música, al bajarse del bus debe tener una sobredosis. Dependiendo del ritmo que le ponga el conductor, de los gritos que pegue (o que le peguen), de las llantas sonando por los frenones, de los pitos o de partes mal ajustadas en el bus, el individuo tendrá una inclinación determinada. Por ejemplo, si el conductor maneja decentemente y tiene música de amor estereo, el individuo se bajará del bus entre dormido y ausente, verá todo color de rosa y verá muy cercana la paz en el mundo. Por el contrario, si el conductor es un animal, insulta todo el tiempo y tiene rancheras en un volumen desmedido, el pasajero llegará a su destino no solo con ganas de pelearse con alguien, también pensará en pelearse con él, con ella, conmigo, con usted. Sí, usted y de paso su familia, su esposa, sus hijos y acabar con los de su clase y toda su existencia.
Puede ser? Claro que sí.
Los sonidos y todo lo que nos rodea combinado con una repetición de lo mismo durante un buen período de tiempo debe dar resultado. Es decir que el I-Doser no es nada nuevo. Seguramente el que lo inventó pasó por Bogotá y se subió un bus de servicio ejecutivo con merengue a todo volumen y agarró el contraflujo, con tan mala suerte que se le olvidó pedir las vueltas del billete de $50.000 que le entregó al conductor. Todo eso combinado hizo explosión y cuando el turista despertó, tenía una resaca terrible y estaba en una pista de baile colgado de un tubo en calzoncillos. En ese momento, en medio de su público, pensó que los sonidos, tratados de una manera especial, podían alterar nuestro comportamiento.
Me ha pasado a mí. He estado en lugares donde la música crea un ambiente apto para mí y me relaja, pero también me ha pasado lo contrario y muchas veces.
Y si el infierno tiene algo que ver con el oído también? Porque todos lo describen como un lugar donde sufres dolores, calor o frío, humillación, cansancio, depresión, pero nunca se ha dicho que hay sonidos compuestos especialmente para hacerte sufrir.
Creo que tengo una idea de cómo sería MI infierno sonoro. Obviamente acompañado de un ambiente propicio:
Es más, tengo el lugar ideal. La trampa vallenata (pero cambiaría por “Naraka Vallenata”. Todo comenzaría allí, pero no en Bogotá sino en Melgar. Estaría lleno, como siempre, pero todas las personas serían mujeres, obesas, peludas, sudando, con bozo y todas quisieran bailar conmigo al mismo tiempo. Habría solo un grupo vallenato integrado por esqueletos de costeños que conservan sus cuerdas vocales y gritarían siempre la misma canción. Uno de esos vallenatos bien gritones, en el momento se me vienen a la cabeza un par, pero no me sé los nombres. Algo así como “A MI ME GUSTA, ME GUSTA, ME GUSTA, ME GUSTA…” o “CARACOLES DE COLORES QUE EN MAR ANDAN NADANDOOO…” o “SE ACABARON, SE ACABARON YAA, SE ACABARON, SE ACABARON YAAA…”. Cualquiera de esos, o algún otro en el que griten más y con todo el sentimiento que los caracteriza. Obviamente los cantantes tendrían los instrumentos característicos, el infaltable acordeón, el tamborcito y la guacharaca. Nunca, nunca se ha necesitado amplificador para un grupo vallenato, y menos en un lugar tan cerrado como ése, pero como es MI infierno, habrían parlantes por todo el lugar. Solo alcanzaría a escuchar algunas voces al oído de las mujeres que bailan conmigo diciéndome que las apriete más o que las abrace con las 2 manos y la canción suena otra y otra y otra vez por siempre y para siempre y por toda la eternidad.

9 de agosto de 2010

Por qué me cambiaron el pan?

Ayer eran las 11am, me había levantado a las 8 y había hecho deporte. No había desayunado, entonces el estómago me dio una fuerte orden.
-Es qué no me piensas dar nada, imbécil?
Me atreví a ofrecerle su mejor antojo, siempre me han encantado unos emparedados de Charlie's Roastbeef. ???
Le compré 2. El primero no estaba tan bueno, creo que era el pan. Pero cuando probé el 2do, definitivamente era el pan. Por qué me cambiaron el pan?
Creo que llevo más de 10 años comiéndome el mismo emparedado con el mismo pan y por eso me gusta, porque siempre es igual.
Terminé quitándole una cara del pan y definitivamente sabía mejor. Cuando no quise más, fui donde el vendedor y en pocas palabras le pregunté:
-Oiga, usted, por qué me cambiaron el pan?
El tipo dijo -lo que pasa es que éste si es el verdadero pan muffin.
Insistí -osea que el anterior no era el verdadero pan?
-no, no lo era. Éste sí es.
Osea que me han tenido engañado por más de 10 años? Eso poco y nada me importa. Lo que me importa es que me cambiaron el pan y punto. Qué me va a importar que sean unos idiotas que se atreven a decirle a un cliente que lo han engañado por más de 10 años, o que simplemente les dio por cambiar el pan porque les salía más barato, o que crean que esta receta está mejor que la anterior, lo que a mí ahora me importa es dónde voy a conseguir el emparedado que tanto me gusta.
Pero se ha convertido en una obsesión. No entiendo cómo pueden ser tan idiotas. O es que me siento demasiado indignado y eso me ciega y no me deja ver. Puede ser. Depender de un restaurante para que tranquilice el antojo de un estómago significa estar completamente indefenso, vulnerable. Me hirieron y me duele. Me importan muy poco los nuevos comenzales que crean que el emparedado English Muffin es ahora lo mejor. Lo mejor era antes y le cambiaron el pan. Ahora ya no lo es y tienen un cliente menos.
Ahora no es que le vayan a echar la culpa al pobre bobo que me respondió semejante estupidéz. Seguro que él no ordenó cambiar el pan en todos los restaurantes. Yo me refiero a ése. A ése personaje que decidió cambiarme el pan, al bellaco que dio la orden. Al irrespetuoso y malagradecido que le importó un corcho de vino los más de 10 años que llevaba de existencia el English Muffin y lo cambió. Estoy seguro que al escribir esto, no voy a cambiar nada y el emparedado no va a volver a ser lo que era, pero era lo mínimo que podía hacer, en lugar de agarrarme a insultos con el aguevado del local.
Somos seres que se adaptan fácilmente a los cambios para sobrevivir. Yo no me voy a adaptar al nuevo English Muffin porque no me da la gana. Y si el doctor me dice que tengo que comer ese emparedado por el resto de mi vida o me muero, encontraré el maldito pan que me gustaba antes, iré al restaurante, pediré el English Muffin y le cambiaré el pan en el restaurante para que todos me miren y aprendan que un hombre puede adaptarse a los cambios, o puede morirse comiendo lo que le gusta, pero feliz.
Malditos sean.

29 de junio de 2010

Un poco más para que nos pongan atención.

Hace mucho no escribo como yo sino como otro. He sido otro por mucho tiempo. Se siente un poco extraño sentarse de nuevo conmigo frente a frente y pensar en qué escribir. Han pasado muchas cosas todos los días pero no ha pasado nada. Sigo siendo el mismo, con más barriga, con más arrugas, con más canas. Sigo teniendo mi lugar privado donde puedo decir lo que quiera y no me van a echar ni a regañar ni a odiar... espero.
Mi gata se cayó anoche del quinto piso donde vivo. Es una cachorrita muy inquieta y se puso a jugar con la otra cerca de una pequeña ventana del baño que da hacia las escaleras del edificio. Yo estaba escuchando música mientras tocaba guitarra y cuando la canción terminó escuché su llanto. Salí y estaba en el primer escalón del primer piso, llorando. Herida. Yo no sabía muy bien qué hacer. No sé cuánto tiempo estuvo ahí. 5, 7 minutos máximo y ningún vecino salió a ayudarla o a ver qué pasaba. Prefiero pensar que no la escucharon. La llevé de urgencias donde un veterinario conocido y ahora está aquí a mi lado dolorida pero entera. Hay un perro en el primer piso. Llora mucho. Lo digo porque la mayoría del tiempo estoy en el trabajo y no en mi casa y lo escucho llorar. Hoy cuando iba entrando a mi edificio me pareció ver salir al perro y a su dueño. Le pregunté al portero si era ése el perro que lloraba. Dijo que sí. Dijo que algunos vecinos se habían quejado de su llanto. Parece que sí escuchan al perro pero no escuchan a mi gata llorar porque se cayó 5 pisos. Me parece que entonces hay que ser un poco más insistente para que nos pongan atención, porque el perro llora todos los días y mi gata solo lloró anoche. Como el petróleo que se derrama todos los días del Golfo de México y los pequeños galones que se derraman por ahí y por aquí por un par de días. Solo llama la atención el del golfo, pero lo hizo por unos días y ya. Hay que ser un poco más insistente para que nos pongan atención, no? Ojalá se regaran todos los malditos barriles de petróleo del mundo para ver si nos ponemos atención a nosotros mismos y nos dejamos de tonterías. Obvio, después de la final del mundial y de dar la vuelta al mundo en mi moto.