4 de abril de 2012

No sé qué pasó.

Recuerdo que por allá en los días de 5to ó 6to grado, cuando las hormonas están recién desempacadas y todos mis amigos y yo nos sentíamos curiosos por tener relaciones sexuales, pensamos en que ser un actor porno sería lo mejor que le podría pasar a cualquiera de nosotros.

Las profesiones más deseadas van cambiando a medida que vamos creciendo, es normal que un niño pequeño quiera ser policía, detective, bombero, agente secreto o médico. Pero recuerdo el momento en el que me imaginé ser actor porno porque no era un deseo que se pudiera compartir con un adulto ni con una mujer. A ellos había que decirles (con una gran sonrisa que invitara a la seguridad personal) yo quiero ser arquitecto! Ingeniero! Abogado! Esas profesiones también podían ser objeto de una conversación, pero nunca tanto con ser actor porno.

Para nosotros esa profesión solo tenía cosas buenas. Estar con mujeres hermosas (pero muy putas), buen salario, horario cómodo, buen estado físico. Y ahora que lo pienso mejor, podría tener un par más: Pocos jefes, haces lo que tú quieres y no lo que quiere el cliente y el sexo siempre estará de moda.

Ahora que existen muchas formas de encontrar de nuevo a esos amigos de la infancia perdidos en el tiempo, he visto que soy uno de los pocos que no se ha casado todavía ni tiene hijos. No he encontrado ningún amigo que se haya convertido en actor porno, lo más cercano es uno que participó en un reality sin mayor protagonismo.

No sé si todos ellos probaron suerte en el negocio del porno o le perdieron interés o nunca lo consideraron o se les convirtió en un sueño reprimido, pero ninguno es actor porno.

Uno de ellos me dijo que se iba a ir a vivir al llano porque allá las mujeres eran muy fáciles cuando se les decía que uno venía de la capital. Cuando lo encontré en una red social aparecía en la foto más calvo, sonriente y con una mujer a cada lado. Parece que no le ha ido nada mal.

Otros ponen una foto de su infancia, cuando eran tiernos niños. Al ver los comentarios que hace la gente en ese tipo de fotos, el 99% son femeninos y evocan ternura. Me arriesgo a decir que a ésos no les ha ido muy bien que digamos. Lograr que una mujer te diga que “eras” muy tierno o lindo me parece un buen avance, pero creo que está muy lejos de despertar la leona en celo que puede llegar a tener una mujer por dentro. Me parecerían más valientes si pusieran la foto de bebés en bola que todos tenemos, aún mejor si se están orinando, para darle a la situación el toque varonil, la virilidad que merece.

La gran mayoría ponen fotos de sí mismos en su mejor ángulo, generalmente con gafas oscuras y con cara de serios. Siempre queriendo lograr, aunque sea de manera inconciente, la foto del afiche de Stallone interpretando al rudo detective Cobretti en la película Cobra. Un tipo duro, que no se deja de nadie, que hace lo que sea necesario para lograr sus objetivos y que siempre anda con las mujeres más bellas. No sé en qué momento se dejó de usar el fósforo en la boca, debería regresar.

Otros ponen fotos de sus héroes, reales o de fantasía, alguna foto que les haya gustado o algún momento que les recuerde algo que les encanta. Pero, si fuera un actor porno, qué pondría de foto? Sus mejores momentos? Sus conquistas? Una foto de sus amigas sería la envidia de todos los demás que lo conocemos. Daría mucha tristeza comparar nuestras fotos con las de él.

Hay otros a los que les ha ido muy bien en la vida. Han viajado por el mundo, tienen carros, propiedades, motos, una familia. Parecen felices. Siempre sonriendo, siempre pasándola bien en todas partes.

Puede que mi educación no haya sido la mejor, o si lo fue, puede que yo me las haya ingeniado para salirme con la mía, en todo caso ya no me interesa ser actor porno ni ser el mejor en la profesión que escogí. Tampoco me interesa que mis fotos sean la envidia de algunos o de ninguno. No sé si sea malo o bueno, pero todavía me pregunto qué hubiera sido de mí si me hubiera presentado a ese casting para aquella película xxx.

26 de julio de 2011

Pesadillas en la vida real.

Siempre han pasado por mi mente mis peores pesadillas. Las sueño despierto. No recuerdo muy bien cuántas he tenido. No sé cuántas me faltan pero hoy se han cumplido 2. Hoy me dijeron la peor frase que he escuchado en mi vida, el peor insulto, la peor noticia. Y me la dijo un tipo buena onda.
-Usted no puede volver a jugar fútbol.
Qué mal se siente oír eso. Me siento como un emo se debe sentir todo el día.
Sí, de verdad todo es horrible y sabe a mierda. Y lo bueno que existe no es lo suficientemente bueno como para opacar lo malo. Se lo lleva, lejos.
Será que me mato? Y por qué no mejor me parto un brazo?
Siempre he tenido una pesadilla en la que no tengo un brazo. Es una sensación muy extraña porque no se siente mal, todo sigue siendo real, pero algo falta. Intentar mover los dedos es impresionante, se siente como si algo o alguien que siempre ha estado ya no está. Y no hay nada que puedas hacer para repararlo.
Bueno, partirme un brazo no, no soy tan idiota, pero podría hacer un daño menor para ser incapacitado médicamente por unas buenas semanas. No sé bien si necesito un descanso, o esto nunca me gustó, o todo me está saliendo por el culo y será una mala racha y pronto pasará, o nunca, o siempre ha pasado y hasta ahora me doy cuenta.
Lo que desencadena una mala noticia es terrible. Un efecto dominó que puede tumbar lo que parecía estable. Si hay algún logro, parece insignificante. Nubla la mente, la desubica. Con eso no quiero decir que mi mente esté perfectamente bien ubicada. Por eso mismo, creo, apareció la pesadilla número 2.
Estaba acostado en mi cama jugando Play y depronto sonó el teléfono. Pensé en levantarme pero algo me lo impedía. Tardé un poco en reaccionar hasta darme cuenta que ahí estaba, no me dejaba levantar. Hice el doble de esfuerzo y conseguí levantarme, contestar el teléfono y hablar un rato. Le perdí cuidado a lo ocurrido porque era mi mamá y me habló de unos papeles importantes que tenía que conseguir. Al terminar la conversación, me acosté de nuevo, solo para recordar el incidente del esfuerzo extra para levantarme. Me quedé inmóvil durante unos minutos, luego intenté levantarme de nuevo y ahí estaba. Maldita sea. No dicen que esto no le pasa sino a los que se lo merecen? no dicen que unos nacen con ésto y otros no? yo no nací con ésto. Yo solo lo soñé. Será que me pasó ésto por la vida que llevo? Por no ir al cumpleaños de mi tío en 2do grado? Por ponerle los cachos a una de mis novias? y a otra también? o por haber hecho copia en un examen de democracia en el colegio? Pero cuál democracia?
Ya no importa, sé que por alguna razón me lo merezco. Me merezco esta panza fofa que me acaba de salir y que me estorba. Se irá? no lo sé. Por ahora está aquí y es una pesadilla.
Maldita sea!

14 de junio de 2011

Aparentar no funciona conmigo.

Todo comenzó cuando un compañero de mi curso (4to de primaria) llegó al paradero donde esperábamos el bus del colegio sin su lonchera habitual. Es un idiota, pensé. Olvidó su lonchera y lo veré corriendo por ella a su casa para volver sudado y asustado.

-Y su lonchera?

-Ya no tengo.

Por un momento pensé que me estaba mintiendo. Que estaba haciéndose el interesante para no tener que correr por su lonchera y regresar sudado.

-Y entonces ¿no lleva nada de comer?

-Sí, en mi maleta llevo un par de cosas.

Ahora lo entendí todo. Existía alguien que estaba en mi mismo curso y no llevaba lonchera y yo sí. Miré mi lonchera del pato Lucas y luego lo miré a él. Un estudiante con maleta. Luego me miré a mí. Un niño con lonchera. Gran diferencia.

Durante el resto de la semana estuve hablando con mi madre. Intentaba convencerla de que ya no necesitaba una lonchera. De que era cosa de niños. La charla tuvo un final feliz, terminé abandonando mi lonchera, más no lo que mi madre metía en ella. Ahora el banano, el yogurt, el sándwich y la chocolatina jet estaban en algún lugar de mi maleta. Por ahí. Ahora cuando veía alguien con lonchera solo pensaba que eran niños o idiotas.

Recuerdo que un día el bus se demoró mucho en recogernos. Tanto que algunos se sentaron a esperarlo en el andén. Yo, por mi parte, tenía una maleta muy grande en la que cabían muchas cosas, por eso me senté encima de ella. Cuánto puede pesar un niño normal que está en 4to de primaria? 40 kilos? 50 kilos? No sé. El caso es que al sentarme encima de mi maleta escuché un pequeño estallido. Algo así como un golpe con una almohada. Nada importante, pensé. A los 5 minutos llegó el bus y a la hora estaba sentándome en mi pupitre del salón de clases.

-Buenos días, saquen sus cuadernos y abran su libro en la página 32. –Dijo la profesora. Una mujer canosa de 130 kilos. De aspecto tosco, muy mal humor y mal olor.

Abrí mi maleta y al sacar el cuaderno descubrí que algo no estaba bien. Mi pupitre quedó manchado con algo. Al mirar detenidamente dentro de la maleta, vi una especie de líquido en la base y un olor a yogurt que eclipsaba el de la profesora.

-Madamme, puedo ir al baño? Es que se me explotó el yogurt en la maleta.

(Risas).

-Vaya a ver.

Desde entonces todos mis libros, cuadernos, diccionarios y demás tenían una marca registrada. Una marca lateral que evidenciaba su exposición al yogurt por más o menos 1 hora. Por más que lavé varias veces la maleta nunca dejó de oler a yogurt. La profesora tampoco cambió su maldito olor nunca y además me rajó en español.

Recuerdo perfectamente otro episodio. Tenía más o menos la misma edad y 2 primas estaban de visita en mi casa. Mi padre dijo en voz alta que si las podía llevar a comer helado. Solo teníamos que caminar un par de cuadras para llegar a la droguería donde había una nevera llena de productos con helado para elegir a placer.

El problema era que vivíamos al lado de un asadero de pollos que por esa época sacó una promoción que le fascinó a la gente. Cómase un pollo y reclame un kokoricóptero. El andén estaba repleto de carros, casi no había lugar por dónde pasar. Por ese entonces pensaba que era muy ágil para mi edad y empecé a pasar por entre los carros sin darme cuenta que uno de ellos todavía estaba siendo conducido y no había terminado de parquear. Pasé por la parte de atrás de ese carro y mientras lo hacía, recuerdo perfectamente lo que quisieron decirme con su mirada: no seas estúpido, no puedes pasar por ese lugar tan estrecho. Y también recuerdo perfectamente lo que quise decirles con mi mirada: no pasa nada, soy muy ágil. Acto seguido, el comencé a pasar por el estrecho mientras el conductor puso el freno de mano y el carro se descolgó lo suficiente como para aprisionar mi pierna junto al otro carro, pero sin hacerme daño. Simplemente no podía salir. Golpeé repetidas veces el maletero del carro. Las suficientes como para hacer reír a mis primas y para que el conductor entendiera lo que estaba pasando, me sacara de ahí y empezara a reír también. Luego comimos helado.

Una vez más, por esa misma época. Yo no pensaba que fuera bueno para jugar fútbol, pensaba que era una especie de mago del balón que podía hacerlo todo. Tenía un balón de micro en mi casa y hacía las delicias de mi imaginación. De nuevo, una visita de alguna prima, o hija de una amiga de la familia, o lo que sea. Y cuando el momento lo ameritó, lo dije: -Yo puedo hacer muchas cosas con el balón.- Acto seguido, hice un par de piruetas bastante torpes y al darme cuenta que estaba perdiendo la atención de la chica, decidí pararme encima del balón y hablarle de otra cosa, pero todo para que se diera cuenta de mi excelente dominio de la esférica. Creo que pasaron 3 segundos y la física hizo lo suyo. Perdí el equilibrio, porque como es natural, nadie puede pararse encima de un balón de micro y caí de bruces al suelo.

(Muchas risas)

Quise parecer músico, bilingüe, musculoso, aguantador de trago, profesional, conocedor de arte, etc, etc, etc, y siempre me fue mal. Ahora no aparento ser nada, solo soy yo. No me va muy bien que digamos, pero por lo menos no hago el ridículo tan seguido.

24 de mayo de 2011

Otra profesión.

Uno nunca debería salir más temprano de lo acostumbrado en el trabajo porque se da cuenta que hay una vida que existe allá afuera. Y además existe sin su ayuda. Esté o no esté usted todo sigue, todo evoluciona, la gente se mueve, hace negocios, hace proyectos y todo eso ocurre mientras usted pasa todo el día en su oficina. No es fácil descubrirlo, se necesita salir temprano un día, y eso rara vez ocurre.

Por ejemplo yo una vez salí temprano porque algo que comí al almuerzo me dio alergia. Parecía que un ejército de zancudos jején me hubiera atacado la cara. Me asusté y me fui al hospital. Camino hacia allí me di cuenta que había mucha gente trabajando en sus cosas, en el parque, vitrineando, caminando, paseando el perro, haciendo ejercicio. Estamos hablando de un martes a las 3:00pm. Y yo generalmente salgo del trabajo a las 7:00 y eso es temprano.

En fin, ese día llegué al hospital y pasé allí 1 hora, aproximadamente. Me inyectaron algo y la alergia se fue, y yo también me fui pero a mi casa. No iba a regresar al trabajo ni loco. Alegué seguir en el hospital por lo que según me habían dicho era una intoxicación leve, pero de cuidado.

Lo raro es que al ver tanta gente haciendo tantas cosas fuera de una oficina, a mí solo se me ocurrió quedarme viéndolos. Contemplando lo que hacían, las conversaciones que tenían, los movimientos tranquilos o desesperados.

Por qué tenemos que vivir para trabajar o trabajar para vivir? No hay otra manera de pasar el tiempo en una ciudad o cualquier lugar del mundo así no seas millonario? Si no trabajas eres símbolo de alguien desadaptado, que no sabe ni donde está parado, de un subnormal que terminará en la calle como un loco desechable.

Debí haber seguido en el fútbol y haber puesto toda mi energía en eso, así arreglaría mis problemas a patadas o cabezazos, una manera bastante básica pero efectiva. Lo malo es que seguramente me hubiera tocado jugar en un equipo de la B, qué digo B, de la C ó D. Y yo siempre he sido un tipo muy cómodo, jugar en las mejores canchas, los mejores guayos, la buena mesa, la cerveza, que nadie me dé órdenes, que en fondo pueda hacer siempre lo que yo quiera, y creo que no pasaría los controles antidoping.

22 de febrero de 2011

Puntito.

Este mes el servicio del agua me llegó más caro. Estoy haciéndome un aseo físico más riguroso? No necesariamente porque me salió un orzuelo. Sin embargo uno de mis atributos es que soy aseado, siempre he considerado que el aseo es importante. Pero me salió un orzuelo. Investigué y al parecer los orzuelos salen por una inflamación de las glándulas sebáceas en la base de las pestañas. Mejor dicho es un barro en el ojo. Qué sebácea.

A lo que voy es que hacer las cosas no significa nada. Actuar en una película no significa que el actor es el mejor del mundo o escribir un libro no significa que el que lo escribió sea un gran escritor. Es más, el otro día me hablaron mucho del libro que escribió Ingrid Betancur. Parece que en él se relata todas las adversidades y aventuras que tuvo que sufrir Ingrid mientras estaba secuestrada. Si mal no recuerdo, ella era política. Puede que el cautiverio la haya convertido en una excelente escritora, pero eso no es una ley. Porque si mal no recuerdo había otro personaje que pasó el cautiverio con ella y que le ayudó. Tenía algo en la cara muy raro (o en ese lugar no tenía cara) y le decían “pinchao”. También escribió un libro relatando todo. Cuál se comprarían? Ambos? Ninguno?

Ahora todos los que pasan por algo difícil escriben un libro. Pues ahora me toca a mí. He pasado 2 días terribles con este orzuelo. Creo que Ingrid y Pinchao estuvieron años secuestrados y escribieron a lo sumo 300 páginas. Como yo llevo 2 días solo escribiré en mi blog. Pura matemática.

Todo estaba oscuro y de pronto un sonido me despertó y me sacó del sueño delicioso en el que Sofía Vergara vestía solo mi camisa y me preparaba unos huevos con salchicha en mi cocina. Maldito despertador. Hice un poco de pereza como siempre y media hora después decidí abrir los ojos, pero había uno más perezoso que de costumbre. Hice algunos intentos esforzándome un poco y lo descubrí. Tenía un ojo hinchado, maldita sea. Lo miré con odio en el espejo y me di ánimos pensando que después del baño se vería casi imperceptible. No fue así. Llegué a la oficina y lo primero que hice fue ponerme las gafas y mantener una mirada perdida así me hablaran de frente. Asiento para que la gente crea que entiendo toda la basura que dijeron. Y entonces aparece la primera persona.

-Qué te pasó en el ojo?

-Tengo un orzuelo.

-Qué seba.

-Sí.

Y ahí se queda la conversación. Y como ésa, igual, tengo otras 10 en el día. Todos en la oficina ya lo saben y los que no, creen que estoy sensible o de mal genio. Mi jefe me llama diciendo que está enfermo entonces me toca cubrirlo trabajando el doble. Me refugio frente a mi computador con los audífonos puestos a lo que dan. No quiero escuchar ninguna conversación porque inmediatamente creo que están hablando de lo que me salió en el ojo. Mantengo todo el día la cabeza agachada y el ánimo por el piso. Decido ir por un café y me cruzo en la escalera con el grupo de las mujeres más guapas de la oficina. Una de ellas se dio cuenta de una. –Qué tienes ahí??– Luego otra. -Ay, qué te pasó? – Todas. –Uy que ceba, es un Orzuelo!!

Así fue mi lunes.

Martes. Todo comienza igual con una pequeña diferencia y es que a mi orzuelo le apareció un diminuto, un insignificante, un pequeñísimo punto blanco y eso no me sube el ánimo para nada. Todo lo contrario, lo hace ver todo más crítico, más infame, más sebáceo. Es difícil vivir así en la soledad incomprendida de una deformidad tan notoria. Saber que nadie entenderá cómo me siento porque así le cuente cara a cara a un sicólogo lo que siento, no me va a poner atención a mí sino a mi orzuelo. Todavía no ha afectado mi visión 16-13 (no 20-20) y puedo darme cuenta cuando una persona desvía tímidamente la mirada hasta enfocarse en ese puntito blanquito tan lindo que tengo en un ojo.

-Qué te pasó en el ojo?- Pregunta una despistada.

-Tengo una glándula sebácea inflamada.- Le respondo mientras huyo de allí para no tener que explicarle mi respuesta y me refugio de nuevo en mi computador. Pero cuando uno está de malas, no hay nada que hacer. Me cruzo con la presidente de la empresa, con una cliente churra, con mis jefes, con la hija de una secretaria (que le pregunta a su mamá durísimo “qué tiene ese señor mami?”), con una modelo.

Ya no hay vuelta atrás. Ahora a asumirlo. Levantar la cabeza y caminar con mi puntito blanco por un centro comercial!! Por qué no? Él no tiene la culpa de ser tan feo y lo llevaré a que conozca Andino, la 11, El Retiro, le daré un helado y luego veremos juntos una película. Nunca sabrá qué es el amor ni qué es hacer el amor y posiblemente morirá de manera lenta y dolorosa. Lindo puntito blanco, la vida no es fácil. Perdona por haberte traído al mundo. FIN.

27 de enero de 2011

La suerte.

Marla agarró el cuchillo y se lo pasó muy cerca de sus muñecas, muy cerca de sus viejas cicatrices. Siempre usa muñequeras, brazaletes, guantes de cuello largo o cualquier otro elemento que adorna sus vestidos con elegancia pero al mismo tiempo oculta sus cicatrices. No se trata de ocultarlas por verguenza, es lo de menos, es para evitar las preguntas tontas e impertinentes de siempre. En este momento está sola, no hay nadie que le pregunte nada ahora, no hay por qué tapar nada y nada está tapado. Está desnuda en una tina rodeada de velas con aroma, agua tibia y un cuchillo. Hay un espejo en el que ella mira su reflejo. Por un momento cierra los ojos y recuerda cómo era su rostro hace 6 años. Era precioso, como ahora, pero muchas cosas han pasado. Muchas cosas han cambiado. Abre los ojos y se mira. Luego acerca un poco más el cuchillo a su cicatriz más grande y lo pasa firme por el lado que no tiene filo. Recuerda la sensación. Sus nervios la hacen temblar y el agua en la tina se mueve un poco. Recuerda perfectamente por qué lo hizo. Recuerda haberse dormido y luego despertar en una cama en el hospital llena de tubos con una mano amarrada a un cinturón de cuero y la otra hinchada y llena de vendas. Mete su cabeza completa en el agua tibia de la tina.
Marla vive sola en un elegante apartamento de la ciudad, tiene un trabajo estable y de vez en cuando cocina unas lentejas increíbles. Saca la cabeza del agua y decide acabar de una vez con su baño trivial. Se levanta completamente de la tina y mientras se seca suavemente con la toalla mira su cuerpo en el espejo sin poder evitar pensar que está un poco gorda (aunque a mí me parece que está buenísima). Se pone una bata en la cabeza y otra en el cuerpo y camina por el corredor en busca de una copa de vino que dejó olvidada por ahí. Oh, sí, está en un costado de la mesa del comedor. Ah, vino tinto delicioso que ahoga las penas y quita los dolores del alma, que son los que más duelen. Marla se sirve otro y decide cortar un pedazo de queso. Ah, el cuchillo está en la tina!
-Ve por él, Marla. Rápido!!
Marla camina apoyándose un poco en las paredes del corredor y llega a la tina todavía llena, todavía tibia. Agarra el cuchillo y decide quitar el tapón para que el agua se vaya y siga su rumbo. Al inclinarse, la bata se abre un poco y toca una de las velas el tiempo necesario para que la pequeña llama quiera bailar con ella. Al enderezar su cuerpo se mira de nuevo en el espejo y nota como el fuego crece lentamente en su bata. Su primera reacción es meter la mano en la tina y lanzar varias veces agua en la dirección del fuego hasta apagarlo.
-Pero qué tonta- piensa Marla, y camina de nuevo por el corredor apoyándose en las paredes con los pies mojados. Al llegar a la cocina se percata que por el detalle del fuego olvidó de nuevo el cuchillo en el baño.
-Pero qué estúpida- piensa Marla y camina de nuevo hasta el baño. Agarra el cuchillo y resbala en el corredor con sus pies mojados. Cae al suelo en la posición perfecta que revelaría al día siguiente que Marla se quitó la vida con un cuchillo de cocina. Ya tenía cicatrices de intentos fallidos. Era de esperarse.

28 de diciembre de 2010

Rat

N.Y.

5:00pm

He caminado todo el día por Manhattan y todavía no estoy cansado por todas las cosas que he visto por primera vez en mi vida, con mis propios ojos y no en el tv. Camino con gafas oscuras para poder ver mejor todo. Pasa una linda morena, una linda asiática, una linda latina, una linda europea, rubia y peliroja. Esta ciudad es lo máximo. Me detengo un momento para tomar agua de un tarrito que compré por 1 dólar, pero ya no hay nada. Creo que no debía haberme detenido porque mis pies empiezan a fallar un poco y me atrapa una sed absurda. Decido entrar al primer lugar que encuentro cerca y resulta ser una pizzería. Entro y me siento en una mesa, se acerca el mesero y empiezo a intentar hablar en inglés y el pizza-man me mira con cara de tristeza, luego pregunta -¿Español? -Sí.– Le respondo con cara de decepción. Luego miro las pizzas y se ven un poco viejas, pero tengo hambre y sed y mis pies necesitan descansar. Entonces por pena, más que todo, le pido una pizza y una cocacola. Suelto un poco los cordones de mis zapatos y me pongo a ver en detalle el mapa que me dio mi prima para ubicarme. La pizza llega en el acto, incluso primero que la cocacola, cosa que me extraña un poco. No lo pienso 2 veces y le llego de una. Sí, sabe un poco raro, pero debe ser porque YO estoy acostumbrado a comer pizza tercermundista, no la verdadera pizza, la que se come en la gran manzana. No dejo ni el borde, que estaba un poco blando y masudo. Le doy un sorbo a la cocacola y me logro ubicar en el mapa, entonces descubro que hay una tienda muy cerca a la que tengo que ir a por un encargo para Colombia. Pago rápido la cuenta y salgo de nuevo a caminar.

Ahhh como nuevo!! Los pies caminan, la gafa oscura, un poquito de style y ahí vamos para la tienda.

PUM. Algo le pasa a mi estómago. Pero debe ser normal, debe ser momentáneo. El dolor empieza a crecer y crecer hasta el punto de detenerme, abrir bien los ojos y pensar rápidamente en una solución. Logro llegar a la tienda, pero es la tienda de mac más grande que he visto en mi vida. Hablo con una americana que trabaja para la tienda y con mi mejor cara posible de conejo a punto de ser sacrificado le pido un baño. Ella, inquebrantable, se niega. No estoy para discusiones. Me largo de ahí buscando el primer lugar que pueda tener un baño público pero mi estómago no da más. Por un momento recuerdo los corrientazos de la oficina, los almuerzos de $5.000 que diariamente hacen lo suyo y me producen una digestión medianamente aceptable y los extraño. Nada de comidas espectacularmente newyorkinas, cómo extraño mi sopita con seco y jugo de maracuyá. Un local me abre sus puertas y pido algo rápido al mismo tiempo que pido el baño.

Lo que hago en el baño es cosa mía, tengo derecho a la privacidad y a la vida y juro que si no hubiera entrado a ese baño hubiera muerto. Salgo del baño triste, golpeado. Me siento como la peor basura del mundo. No quiero seguir en el lugar para ser descubierto por mi crimen y pago rápido y me voy. Camino de nuevo por una vía pero ya de noche, hay basura en ambos lados de la calle, un puesto de alguna cosa comestible que me hace temblar de miedo. Se me acerca un turista y me pregunta algo en inglés. Extrañamente le entiendo pero no me da la gana ayudarle. Entro al metro y me voy escuchando la música más ruda que tengo. Una linda chica se sube en la siguiente parada y se sienta muy cerca. Se queda dormida en poco tiempo y su cabeza alcanza a tocar mi chaqueta. Siento como si fuera su protector, el hombre que cuidará de ella. No se pasará de su parada y nadie intentará robarla mientras yo esté allí. Llego a mi parada y me atrapa la sensación de que ella seguirá dormida. Soy su cuidador, su protector. Abro mi boca pero sale un tibio sonido que ella no alcanza a percibir. Me doy la vuelta y me bajo. Ella se queda profunda. Camino de nuevo por otra calle oscura hacia mi cama temporal y depronto una rata bastante grande empieza a correr a mi lado. Andamos juntos casi una cuadra. Entonces lo entiendo. Soy una rata, una basura más en New York. Y pasa junto a mi una linda morena, una linda asiática, una linda latina, una linda europea, rubia y pelirroja.

Rata, es hora de ir por un Jack Daniels.